¿Para qué tiene que doler tanto?…

 

Cuando te duele tanto es buena señal. La señal de que tienes un gran corazón ahí dentro. Y duele porque te preocupa, porque te importan los demás y tienen que seguir importándote. Pero seguir infligiéndote ese dolor no te hace sentirte mejor, ni a ti ni a ellos, aunque tú lo sientas como una penitencia. Ésa es una cruel mentira que sólo empeora las cosas, porque además de sufrir tú, haces sufrir a tu familia, y a tus amigos. De esa manera les haces partícipes de tu dolor, aunque en parte lo ocultes o no lo digas. Tu cuerpo lo transmite, la tensión de tu rostro lo refleja. Ellos pueden percibir tus vibraciones, tu sufrimiento, y si tú decides irte, los harás sufrir más aún, y los harás sentirse culpables. Hay momentos en la vida en los que sin saberlo tomamos decisiones en nuestro interior, decisiones que pueden marcar nuestra vida. A veces son mecanismos de defensa para huir o alejarnos del dolor.

Por las circunstancias de tu pasado, hubo un día en que de manera inconsciente tomaste la decisión de sentirte culpable, de herirte, y comenzaste a sumergirte en un profundo abismo. Tomaste esa decisión en un período de doloroso conflicto emocional. Pero las decisiones que tomamos cuando estamos enfadados, hundidos o dolidos, pueden ser peligrosas, porque nuestro estado emocional controla la calidad de nuestras decisiones, y en esos momentos podemos llegar a tomar decisiones muy estúpidas o destructivas. Los momentos para tomar decisiones es cuando estamos en calma, con todas las facultades plenas, o en momentos de inspiración, que son cuando conectamos con nuestra más pura y verdadera esencia.

Aquel momento ha condicionado tu vida hasta hoy, pero tienes que dejar de utilizar tu historia como una herramienta de castigo. Ahora tienes que tomar una nueva decisión y convertir tu pasado en una sólida plataforma para lanzarte a una experiencia transformadora.

Aunque tengo que confesar, y lo digo por experiencia personal, que la decisión más importante y transformadora que una persona puede tomar se produce al llegar al máximo dolor, en un momento de indecible sufrimiento e impotencia, de un vacío interior que lo envuelve todo y apaga las únicas luces de esperanza que quedan. Son momentos en los que uno se siente al filo del abismo. En esos instantes hay personas que, por desgracia, cruzan esa línea para dejar de sufrir, y entonces pasan ese sufrimiento a los que están a su alrededor. En cambio, otros deciden que ya es suficiente, que no están dispuestos a seguir sufriendo y viviendo así, y la determinación de huir de ese dolor les hace tomar la decisión y encontrar la energía y su para que, para transformar toda su vida.

A lo mejor crees que acabar con todo, que esa huida, es un signo de valor, un símbolo de honor. Incluso puedes llegar a creer que mueres por ellos…¿Crees que te verán como a un héroe? ¡PUES NO! Ellos quieren que vivas, tu familia y tus amigos quieren que vivas por ellos, no que mueras por ellos. ¡Hace falta coraje para vivir, pero no para abandonar y morir! Ellos no quieren sentirse culpables y no te admirarán por ese supuesto valor si decides irte, sino que llorarán y sufrirán por ello, se sentirán frustrados por no haber sido capaces de ayudarte. Pero yo sé que tú no eres esa clase de persona, sé que no eres tan egoísta, y sé que no quieres hacerles daño.

Conozco ese brutal dolor. Sé lo que se padece, sé qué se siente, porque he llorado totalmente derrumbado de dolor y de impotencia, prisionero en la cárcel de la desesperación, sin un gramo de esperanza en el futuro. Pero esa energía se puede transformar y dirigir en la dirección contraria. Es en ese momento del dolor más intenso cuando algunas personas toman la decisión más transcendental de su vida y deciden crear un futuro mejor. Es el momento en que dicen: No estoy dispuesto a seguir viviendo así nunca más. No sé cómo, pero me tragaré lo que tenga que tragar, voy a ir hacia delante y haré algo nuevo. Haré lo que sea, haré lo que salga, y comenzaré de nuevo.

Es el momento en el que crean una nueva visión de futuro, cuando deciden reinventarse, cuando encuentran su misión y su para qué, con la convicción de que con esa nueva actitud algo irá saliendo y, si no, serán capaces de crearlo. Es la decisión de aceptar lo ocurrido como una lección y un aprendizaje que los hará mejores, más fuertes y más humanos. Pero si te sigues castigando a ti mismo, destruirás a tu familia y a las personas que más te quieren. Aunque a veces por algún retorcido motivo creemos que si nos seguimos martirizando y sufrimos lo suficiente, un día seremos dignos del perdón y podremos comenzar a vivir. Pero no puedes creerte eso y seguir actuando así, no necesitas seguir incrementando la culpa, necesitas comenzar a progresar, y eso puedes hacerlo ahora mismo.

Si encontrases y tuvieses una misión en tu vida, un nuevo propósito que diese sentido a todo, ¿Cómo te sentirías?. Quizás esa pueda ser la clave, encontrar ese propósito, el sentido que nos hace avanzar, porque si no tienes un propósito, ¿para que vas a luchar?, ¿para que vas a ilusionarte?, ¿para que vas a volver a levantarte?. Si no tenemos un sueño que nos inspire, un gran para que, ¿de donde nacerá la energía para ese cambio?.

Sin esa visión somos un barco a la deriva, perdidos en medio de un inmenso océano, rodeados por la niebla de la duda y el miedo de la incertidumbre. A veces, como única solución, remamos por inercia, hacemos algo, aunque sin saber hacia dónde nos dirigimos, simplemente con la esperanza de llegar a alguna parte.

Sin embargo, cuando encontramos nuestra razón, nuestro para que, es como si un gigantesco faro apareciese frente a nosotros, en la distancia, y nos iluminase de nuevo el camino. Esa luz es la visión de esperanza y dirección que genera ese nuevo propósito.

 

 

 

El éxito requiere de persistencia,

la habilidad de no rendirse en la cara del fracaso.

Creo que el estilo optimista es la llave a la persistencia

Martin Seligman

 

Un lugar llamado destino