Las viejas historias no desaparecerán, si no cambiamos nuestro mapa

Y no creas que no sé de qué estoy hablando, porque yo reaccionaba igual y decía lo mismo. Eso ocurre cuando estamos en modo de supervivencia, cuando sin querer nos ponemos a la defensiva; porque por mucho que queramos creer, en en esos momentos no creemos que podamos, y buscamos una excusa o justificación que nos sirva para no intentarlo.

Sin embargo, eres tú quien tiene que ser el mayor activo de tu propio rescate. Aunque tienes que darte cuenta de que tu ego no quiere arriesgarse a intentar nada que pueda salir mal, quiere evitar cualquier posible nueva decepción. Por eso, de vez en cuando, sigilosamente, te va susurrando al oído cosas como; ¡Sí, pero eso es muy difícil!. Te envía mensajes de alerta, quiere convencerte de que es tu gran protector, y lo hace sembrando la duda en tu interior. Por eso sigue diciéndote en voz baja; ¡Mejor ni lo intentes, no te hagas ilusiones!. Porque el ego es íntimo amigo de la duda y del miedo. Y juntos se empeñan en que permanezcas anclado en ese doloroso e indeseado lugar. Con tal de no exponerse a un posible fracaso y sentirse herido en su orgullo, el ego prefiere dejar todo como está.

Ignorar esas voces del ego no es la mejor opción, si eso significa que huimos de ellas, porque si las ignoramos, éstas nos persiguen como nuestra sombra, haciéndose cada vez más poderosas. Esas dudas y miedos se convierten en nuestra historia, esa que nos repetimos una y otra vez, esa que nos retiene y nos hace dudar. Pero llega el momento en que tenemos que dejar de huir. Llega la hora de enfrentarnos a nuestros demonios y el momento de cambiar esa historia.

¿Por qué me paso la vida repitiéndome esa historia de que no soy capaz?

Son muchos los adictos a su vieja historia, esa vieja historia que lo justifica todo. Esa historia es un conveniente motivo para no cambiar. Llegamos a convencernos de que ya sabemos qué va a ocurrir, dudamos de poder cambiar, llegamos a creer que no vamos a lograrlo, y como no queremos llevarnos una nueva decepción, a veces ni siquiera llegamos a intentarlo. Esa vieja historia nos sirve para justificarnos, conformarnos y admitir lo inaceptable.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia historia. Todos tenemos nuestras experiencias, y esas vivencias son las que nos moldean y hacen que veamos el mundo de una determinada manera. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que no somos prisioneros del pasado. Pero, al mismo tiempo, tenemos que reflexionar sobre esas experiencias de nuestro pasado, ya que éstas han creado una plataforma desde la cual nos comparamos, evaluamos y juzgamos, generando así el significado que atribuimos a los acontecimientos de nuestra vida.

Esas conclusiones basadas en nuestras anteriores experiencias son responsables de las decisiones que tomamos en el presente. Por eso tenemos que analizarnos para descubrir qué creencias y qué miedos adquiridos nos han frenado. En resumen, ¿cuál es la historia que nos hemos creado?. Porque a veces nos convertimos en los reyes de la distorsión.

¿Cuál es la vieja historia que te estás contando a ti mismo?

¿Puede ser la historia de la duda sobre tus propias capacidades? ¿Si vales? ¿Si eres lo suficiente valioso? ¿El miedo al que dirán? ¿La historia de la preocupación en un futuro? ¿Si eres merecedor de la felicidad?

Esa historia que nos contamos tiene un enorme poder. A veces hay personas que empiezan a pensar en algo negativo, traen al presente algún mal recuerdo, una mala experiencia del pasado, o algo malo que creen que puede suceder. Y en ese momento empiezan a magnificar ese pensamiento de tal manera que la preocupación invade todo su ser. Esa historia es como una autoprofecía, ya que nos lleva a un indeseado estado emocional que es justo lo que queremos evitar.

Esa historia que nos hemos creído es el gran enemigo, pero aun así nos la repetimos.

¿Serías capaz de ir a ver una película verdaderamente horrorosa una y otra vez todos los días?

Entonces, ¿por qué te maltratas repitiendo en tu mente esa horrorosa historia una y otra vez todos los días?

¿Acaso crees que cambiará el final de la historia si sigues viendo la misma película?

Creo que ya va siendo hora de cambiar esa vieja película que repites en tu mente todos los días. ¿No crees?.

Así que cuando sientas emociones negativas, cuando vuelva la vieja historia, la culpa, o comiences a juzgarte o criticarte, tienes que preguntarte:

¿Este pensamiento me está ayudando a mejorar mi vida y mis emociones?

¿Es un pensamiento constructivo y útil?

¿Qué beneficios me aporta la constante repetición de este pensamiento?

¿Ese pensamiento está realmente ocurriendo ahora en mi vida?

¿Me añade o me resta felicidad?

¿Me ayuda a tener una mejor actitud y más confianza?

¿Esa manera de pensar me ayuda a ser la persona que quiero ser?

Ésas son algunas de las preguntas a las que tienes que responderte, y si haces los deberes, que es la parte más importante, porque lo que importa es lo que haces y no lo que sabes, tú mismo encontrarás muchas respuestas.

Nadie puede responder por ti, sólo tú tienes esa respuesta. Y el nivel de sinceridad contigo mismo es el que marcará la diferencia. Tú eres el guionista, así que es hora de crear tu nueva historia.

Un lugar llamado destino