Cambiar para avanzar, sin compararnos

Si realmente queremos cambiar y avanzar, tenemos que ser muy honestos y sinceros con nosotros mismos, aunque sea duro reconocer ciertas cosas que pueden ser dolorosas.

Pero hemos de saber que esa comprensión no llegará por mucho que nos martiricemos. Aunque nos enterremos bajo una montaña de culpa no cambiaremos el pasado. Ni las constantes preocupaciones mejorarán nuestro futuro. La comprensión y el nuevo inicio llegan cuando nos aceptemos, nos perdonamos y utilizamos las experiencias del pasado, no como errores imperdonables, sino como grandes lecciones.

Eso que te pasó a ti ocurre más a menudo de lo que crees. El hecho es que durante nuestra vida estamos constantemente expuestos a miles de mensajes que nos dicen cómo deberíamos ser, qué apariencia deberíamos tener. Siempre nos muestran a alguien mejor, más joven, más esbelto, como un supuesto modelo, que hacer, pensar, cómo tendría que ser nuestra casa, nuestro coche, las vacaciones perfectas y toda una larga lista de imposibles ideales.

Sin darnos cuenta, estas artificiales necesidades a las que estamos expuestos terminan por hacer que nos comparemos. En esa cruel balanza, comparamos lo que tenemos con lo que creemos que deberíamos tener a estas alturas. Comparamos nuestra vida real con lo que suponemos que deberíamos haber alcanzado con esas perfectas y supuestamente maravillosas vidas. Es difícil que podamos ganar en esa batalla. Está perdida de antemano. Y acabaremos viendo que no cumplimos la mayoría de esos estándares. Y de esta manera, sin saberlo, hemos condicionado una parte de nuestra propia valoración personal basándonos en esas inconscientes pero constantes comparaciones.

“NO ERES MEJOR NI PEOR SIMPLEMENTE ERES TU Y ESO NADIE LO PUEDE SUPERAR”

Éste es uno de los grandes problemas de la sociedad actual: la confusa percepción sobre nuestra identidad. Esto ha provocado una gran desconexión con los valores más importantes del ser humano. Y esa pérdida de valores acarrea graves consecuencias.

No hemos dado la suficiente importancia a lo que ocurre en nuestro interior, y necesitamos con urgencia un mayor grado de humanidad, compasión y bondad. Se ha relegado a un segundo plano nuestro desarrollo y evolución personal, ya que el enfoque se ha puesto en lo externo en vez de lo interno. Tal vez no seamos conscientes de ello, pero algunas de las consecuencias de estas comparaciones son las dudas que sigilosamente se plantean en nuestro interior, y que tienen consecuencias negativas en la percepción de nuestra identidad, llevándonos a preguntarnos: ¿He logrado lo necesario para ser merecedor de la felicidad? ¿Seré lo suficientemente bueno?.

Esa oculta pero corrosiva sensación de no ser suficiente, tiene consecuencias desastrosas en nuestra vida. Cuando llegamos a pensar que no somos suficientes, nos sentimos más pequeños, nos encogemos, llegamos a pensar que no somos lo suficientemente buenos o capaces para aspirar a algo o a alguien, o peor aún, abandonamos nuestros sueños o aspiraciones porque creemos que no seremos capaces de hacer algo que en verdad deseamos, y ni siquiera lo intentamos. Sin saberlo, en nuestra mente cala la idea de que cuando logremos todo eso que esperábamos de la vida, entonces seremos felices. De ese modo, sin darnos cuenta, restringimos nuestra propia felicidad, porque nos imponemos inconscientes reglas o condiciones para llegar a ser merecedores de la felicidad.

Sólo la experiencia propia y personal hace al hombre sabio”

Sigmund Freud

Un lugar llamado destino