Tu propia libertad 

Cada ser humano es libre para trazar su propio camino, libre para decidir y equivocarse, libre para buscar la felicidad, para fracasar y volver a levantarse. Es libre para escoger su rumbo, para perderse y encontrarse, para descubrirse a sí mismo.

Eres libre de creer cuando a tu alrededor todos han dejado de creer, eres libre de seguir luchando y no lamentarte, a pesar de que en ocasiones nada funcione. Eres libre para soñar y perseguir tus sueños, libre de no renunciar ni rendirte, porque tienes derecho a prosperar y evitar el sufrimiento. Tienes el poder de tomar esa decisión, que está en tus manos, porque si no tomas decisiones alguien las tomará por ti.

Algunos querrán que te resignes y renuncies a tus sueños. Otros querrán pensar por ti, opinar por ti y decidir por ti. Querrán que pienses como ellos y aceptes sus reglas. Querrán convencerte para que abandones tus aspiraciones y que seas parte de algún rebaño.

Los que te quieren convencer de eso son aquellos que no están dispuestos a sacrificarse, ni se atreven a intentarlo, dominados por sus miedos. Son aquellos que están decididos a no arriesgar, a vivir sin ilusión, perpetuando su situación con tal de no sentir una nueva decepción.

No te compares, la carrera de la vida es contigo, y con nadie más. No necesitas justificaciones, ni demostrar nada a nadie para ser feliz. No tienes que esperar a convertirte en tu futura versión para sentirte suficiente, porque ya eres merecedor de una vida plena, porque has decidido crear tu propio camino, porque estás dispuesto a caer y volver a levantarte para seguir buscando tu destino.

Siempre es mejor mirar atrás en la vida y decir: No puedo creer que hice aquello, que llegar al final de nuestros días y decir: Ojalá lo hubiese hecho. No dejes que esa duda te invada.

Sí, eres libre para decidir tu vida. Nadie tiene derecho a juzgar tus sueños, tus esperanzas y tus ilusiones mientras respetes los derechos de los demás y tu propia vida, mientras seas fiel a ti mismo y a tus valores. Ésta es tu vida y tu vida son tus emociones, no dejes ni des el poder a otros para que las controlen. Son tuyas, hazte respetar y respeta.

Eres digno cuando te enfrentas a los desafíos y los obstáculos, aun sabiendo que es probable que pierdas, y a pesar de ello, conscientemente, decides arriesgar y creer. Eso es el verdadero coraje. Ten la certeza de que la felicidad está en la pasión de sentir la emoción del reto, reconociendo que nuestra superación y evolución personal es el inevitable resultado de enfrentarnos a nuestros demonios y nuestros miedos.

Ésos son los principios, los valores y los ideales por los que has de vivir. Crece y se noble, contribuye a un mundo mejor, mostrando tu valor, tu honor, tu humildad y tu dignidad, porque ésas son tus únicas y verdaderas posesiones, las únicas que se irán contigo, porque en la vida sólo te llevarás aquello que das. Ésos son los irrenunciables principios y derechos de todo ser humano.

Por eso alzo la voz en defensa de los idealistas o ingenuos, por los emprendedores y los soñadores que necesita este mundo. Por eso presento mi admiración y reconocimiento a todos los que aspiran a ser más, a superarse, a los que arriesgan a descubrir sus límites a pesar de sus miedos, a los que quieren mejorar, a todos aquellos que sueñan y aspiran a conquistar su alma, su voluntad, y dejar su legado a la humanidad.

Brindo por ellos, por los imprescindibles soñadores, por aquellos que cambian el mundo, y brindo con la esperanza, la ilusión y el deseo de que tú te conviertas en uno de ellos.

                                     Dicen que hay que ver para creer, así que ponte frente al espejo y empieza a creer en ti.         

Texto extraído del libro Un lugar llamado destino